La práctica como camino
Septiembre nos invita a volver a las rutinas y a recuperar aquello que queremos cuidar. También a preguntarnos cómo queremos hacerlo y qué somos capaces de sostener en el tiempo. En yoga, abhyāsa y vairāgya nos hablan de constancia y desapego, dos cualidades que nos acompañan en la práctica.
Septiembre trae consigo una sensación de comienzo. Volvemos a los horarios, recuperamos rutinas y aparece el deseo de reorganizarnos, de retomar hábitos y de cuidar aquello que durante el verano quizá dejamos en segundo plano.
Puede ser un buen momento para preguntarnos: ¿cómo queremos hacerlo?
En ese impulso por cuidarnos podemos crear estructuras que quizás no somos capaces de sostener. Empezamos con entusiasmo, queremos hacer más, llegar a todo, mantener nuestros propósitos… y aquello que nació como una forma de cuidarnos puede terminar convirtiéndose en una nueva fuente de presión.
Por ello, te invito a reflexionar desde dónde te comprometes y cómo puedes sostenerlo en el tiempo.
En el Yoga Sūtra, Patañjali habla de dos cualidades que se complementan en el camino de la práctica: abhyāsa y vairāgya.
Abhyāsa puede entenderse como práctica sostenida: el esfuerzo perseverante y continuo en una dirección. Es volver una y otra vez a aquello que hemos elegido cultivar, incluso cuando la motivación cambia, cuando nos distraemos o cuando atravesamos momentos en los que resulta más difícil practicar.
Al principio, muchas veces necesitamos de nuestra voluntad para hacerlo. Elegimos practicar, organizamos nuestro tiempo y hacemos un esfuerzo consciente por mantener ese compromiso.
Pero cuando una práctica se sostiene en el tiempo, algo puede ir cambiando.
Deja de ser únicamente algo que tenemos que hacer y puede convertirse en algo que elegimos hacer. La constancia deja entonces de depender solamente de la fuerza de voluntad y empieza a nacer también de aquello que vamos descubriendo en nosotros mismos a través de la práctica.
Vairāgya introduce otra dimensión: el desapego, la capacidad de observar nuestra relación con aquello que esperamos de la práctica.
Podemos querer avanzar, mejorar, profundizar o sentirnos de una determinada manera, pero también podemos encontrarnos con días en los que nada sucede como esperábamos. El desapego nos invita a reconocer esos deseos y expectativas sin quedar atrapados en ellos.
Podemos frustrarnos cuando el cuerpo no responde como queremos, cuando una postura no sale o cuando la mente está inquieta. Todo ello forma parte de la experiencia.
La práctica nos ofrece entonces una oportunidad para observar cómo nos relacionamos con aquello que no podemos controlar. Podemos permanecer comprometidos con ella y, al mismo tiempo, permitir que la experiencia sea diferente de la que habíamos imaginado.
En lugar de quedar atrapados en la frustración o abandonar, podemos observar y volver.
Volver a la respiración.
Volver al cuerpo.
Volver al momento presente.
Y poco a poco descubrir que la práctica no consiste únicamente en aquello que conseguimos, sino también en la relación que vamos construyendo con nosotros mismos mientras practicamos.
Que este septiembre la práctica pueda ser también un espacio al que volver (a ti).