Hacer espacio
El otoño nos invita a recogernos, a soltar y a hacer espacio. A reconocer que la vida está en constante transformación y que, en cada final, habita también un comienzo. ¿Qué sucede cuando dejamos de intentar controlarlo todo y nos permitimos estar en el vacío, en ese espacio donde lo conocido se disuelve y lo nuevo empieza a tomar forma?
HACER ESPACIO
Intentar controlar la vida es como intentar atrapar el agua apretando los dedos.
En otoño, los colores cambian, las horas de luz disminuyen y la naturaleza comienza, poco a poco, a recogerse. Cada estación tiene su propio ritmo: un tiempo para crecer y expandirse, y otro para soltar, transformarse y hacer espacio.
Nosotros también formamos parte de esos ciclos. Nuestra energía cambia, nuestras necesidades no son siempre las mismas ni nuestra forma de estar.
El perfeccionismo, la autoexigencia y la necesidad de control pueden generar tensión y rigidez en el cuerpo y en la mente. Nos aferramos a lo conocido, intentamos sostener lo que ya ha cambiado y, a veces, llenamos cada espacio por miedo a lo que pueda aparecer en el vacío.
Cuando el cuerpo se relaja y dejamos de intentar controlarlo todo, algo se afloja también por dentro. Aparece la claridad, la inspiración y la posibilidad de aceptar lo que es.
Soltar es dejar de ocupar nuestra energía en aquello que ya no necesitamos sostener y recuperar espacio para lo verdaderamente valioso.
A lo largo de la vida atravesamos cambios, finales y nuevos comienzos. Cuando algo termina, se abre un espacio en el que podemos sentir la necesidad de llenarlo rápidamente. Nos cuesta permanecer en lo que todavía no tiene forma, en ese lugar donde lo conocido deja paso a lo desconocido.
La naturaleza nos recuerda que todo tiene su ritmo y que entre un movimiento y otro existe una pausa: entre el día y la noche, entre una respiración y la siguiente, entre un pensamiento y el que está por llegar, entre cada latido del corazón.
En esa pausa encontramos un espacio donde simplemente estar, donde podemos encontrarnos con lo esencial, permitiendo que la vida siga su curso, sin necesidad de tener todas las respuestas.
"Vacía tus manos,
para que la vida pueda ofrecerte algo nuevo.
Vacía tu mente,
para que la calma tenga un lugar donde posarse.
Vacía tu pecho,
para que el aire encuentre espacio al entrar.
Nada se pierde cuando sueltas.
Solo se revela lo que siempre estuvo allí:
tu propia luz, quieta, serena,
esperando a ser vista .
Vacíate y confía " Anaís Nin